FRANCESCO
TONUCCI: LA MISIÓN DE LA ESCUELA YA NO ES ENSEÑAR
COSAS
“La misión de la escuela ya no es enseñar cosas.
Eso lo hace mejor la TV o Internet”
Tonucci, licenciado en
Pedagogía en Milán, investigador, dibujante y autor de Con ojos de niño, La ciudad
de los niños y Cuando los niños dicen ¡Basta!
Pero si la escuela ya no
tiene que enseñar, ¿cuál es su misión?
Debe ser el lugar donde los chicos aprendan a manejar y usar bien las nuevas
tecnologías, donde se transmita un método de trabajo e investigación
científica, se fomente el conocimiento crítico y se aprenda a cooperar y
trabajar en equipo
La escuela debe hacerse cargo de las bases culturales
de los chicos. Antes de ponerse a enseñar contenidos, debería pensarse a sí
misma como un lugar que ofrezca una propuesta rica: un espacio placentero donde
se escuche música en los recreos, que esté inundado de arte; donde se les lean
a los chicos durante quince minutos libros cultos para que tomen contacto con
la emoción de la lectura.
Los conocimientos ya están en medio de nosotros: en los
documentales, en Internet, en los libros. El colegio debe enseñar utilizando un
método científico. No creo en la postura dogmática de la maestra que tiene el
saber y que lo transmite desde una tarima o un pizarrón mientras los alumnos
(los que no saben nada), anotan y escuchan mudos y aburridos. El niño aprende a
callarse y se calla toda la vida. Pierde curiosidad y actitud crítica.
El rol del maestro es
de un facilitador, un adulto que escuche y proponga métodos y experiencias
interesantes de aprendizaje. Generalmente los pequeños no están acostumbrados a
compartir sus opiniones, a decir lo que no les gusta. Los docentes deberían
tener una actitud de curiosidad frente a lo que los alumnos saben y quieren.
Les pediría a los maestros que invitaran a los niños a llevar su mundo dentro
del colegio, que les permitieran traer sus canicas, sus animalitos, todo lo que
hace a su vida infantil. Y que juntos salieran a explorar el afuera.
La escuela no se relaciona con la vida
cuando propone conocimientos inútiles que nada tienen que ver con el mundo que
rodea al niño. Y con razón éstos se aburren. Hoy no es necesario estudiar
historia de los antepasados, sino la actual. Hay que pedirles a los alumnos que
se conecten con su microhistoria familiar, la historia de su barrio. Que
traigan el periódico al aula y se estudie sobre la base de cuestiones que
tienen que ver con el aquí y ahora. Esto los ayudará a interesarse luego por
culturas más lejanas y entrar en contacto con ellas.
El colegio no debe competir con instrumentos mucho más
ricos y capaces. No debe pensar que su papel es enseñar cosas. Esto lo hace
mejor la TV o Internet. La escuela debe ser el lugar donde se aprenda a manejar
y utilizar bien esta tecnología, donde se trasmita un método de trabajo e
investigación científica, se fomente el conocimiento crítico y se aprenda a
cooperar y trabajar en equipo.
La escuela está asumiendo un papel demasiado absorbente
en la vida de los niños. No debe invadir todo su tiempo. La tarea escolar, por
ejemplo, no tiene ningún valor pedagógico. No sirve ni para profundizar ni para
recuperar conocimientos. Hay que darles tiempo a los niños. La Convención de
los Derechos del Niño les reconoce a ellos dos derechos: a instruirse y a
jugar. Deberíamos defender el derecho al juego hasta considerarlo un deber.
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